jueves, 21 de mayo de 2009

Y es que al fin, ahora que todo está colgado de un broche de madera sobre una soga completamente floja, y que los huracanes bailan a nuestro al rededor sin marearse, mientras que me sostengo con mis brazos delgados y mis manos chiquitas, veo mis pies como van y vienen de un lado a otro como el pendulo de esos relojes enormes, flotando en el vacío, mirando hacia abajo donde me está esperando escondido el monstruo que come tristezas humanas.
Es ya,cuando entendí todo lo que pasó en estos cambios de estación, durante estas vueltas del mundo, las migraciones de las golondrias, los atardeceres más tempranos.
Como empeoró, como se enfermó, como dejamos de amar, de extrañar,desear,soñar, simplemente de vivir.
Yo me enamoré, supe, fue lo único que pude aprender, pero no enseñar, no logré que lo entendiera.Hermoso conocimiento,soy de esas que deben repasar todo el tiempo para no olvidar, lo que más me gustaba estudiar,no queria recreos,solo le dediqué inmenso esfuerzo a amar amar amar. Entregarme como nunca lo hice con nadie,brindar mi alma tan pura, el corazón entero al que había que tratar como a una taza hasta el borde de café con leche. Se confió en su habilidad, y no logró llevar con cuidado a la tacita. Enchastró el piso, salpicó sus pies que se quemaron, y chocó produciendo un ruido, un grito. Ya nada sirve, se enfría dejando una marca permanente, fósil con aroma dulce. Y sin embargo,quedrada,sin fuerzas,pero con las esperanzas intactas espera que las manos pegajosas de miel bajen hasta su cuerpo, traten de unir los pedazitos y astillas que la componen para reparar el daño causado.
Se dirige a la cocina, prende el fuego, el agua hierve, café recien molido, chorrito de leche, ázucar abundante y los dos vuelven a sentirse cerca y cálidos.

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