
En el martes, excavaba con mis nuevas uñas de señorita sin importar que se ensuciasen,para descubrir la punta de un jueves. Estaba entre ansiosa y desesperada, inquieta la nena dentro de mi con los brazos extendidos como esperando que le den su regalo de cumpleaños antes de tiempo, y seguía en esa posición y nada. Revolvía debajo de la cama,entre la ropa o en el techo, está muy bien escondido me dijo.
Sin ver resultados favorecedores,dejé que el dia se convirtiera en noche y me acordé que existe la luna, asique opté por mecerme en mi cama y verla cada vez más borrosa a medida que mis ojos se adentraban en el pasillo de los sueños.
Ya era miercoles, un día más cerca para que le den el alta a la felicidad. Todo olía de maravillas, veía los aromas como el del café en grano, el shampoo de avena o de las naranjas recien exprimidas con semillas intrusas, y disfrutaba mientras vestía mi piel como bailaban todos juntos sin prejuicios y las melodías riquisimas se mezclaban haciendome sonreir.
Cuando llegaba la tarde, volvía corriendo a casa olvidandome de fumar, me notaba tranquila a esa hora y más cuando apareció la primer estrella marcando el compás de la noche entrante con su orquesta de panderetas brillosas.
Imaginaba, mientras se producía la lluvia entre las cuatro paredes, techo y piso, como iba a abrazarlo o besarlo, si debía contener esas ganas de quererlo de nuevo o de apretarle con amor violento la mano en el primer round. Miraba lo que el viejo espejo dejaba mostrar, y la sonrisa goteando era de las más revalsantes de alegría deliciosamente fresca.
Y otra vez a matar el tiempo gozando del sueño.
LLegó el día que la nena de ayer, la mini mujer de ahora, y la tumba de mañana, esperaban.
No me avergonzaba de caminar tratando de pisar todas las baldosas, deleitarme con la alfombra monocromática de hojas crocantes, poco importaba si se daban vuelta los sin vida por verme sonreir como loca y cantar increiblemente mal. Me senté apoyada contra la ventanilla y el frio golpeaba educadamente el vidrio porque quería colarse entre mis dientes para sentir mi dicha, y congeló de rosa mis mejillas y nariz.
Y lo tuve como siempre quise, solo para mí, el regalo que me dio la vida ahora y seguro me lo va a sacar cuando vea que es necesario, pero lo aseguré con candados y contraseñas para retenerlo pegado a mi cuello,respirando en mis orejas, besandome hasta cuando hablo. Es mío, y aunque en la realidad no pueda cumplirlo, en mi mundo solo es de mi pertenencia y diversión.
Te quiero bien, con alguna pelea, lagrimas, con barba,sin mayonesa, con precocidad,con tus ojitos de cajú, tus piernas calentitas y las mias frías formando un tramposo laberinto sin fin, que seas lo primero que sienta y vea cuando me despierta la luz que pasa descaradamente por la persiana, bostezame mucho, entrame demasiado hasta que todo acabe con risas y burlas, quereme sin moderación alguna.