jueves, 14 de mayo de 2009



Hoy hizo mucho frío. La bufanda fue descolgada de su lugar, sacudi un poquito los guantes de lana para que cayeran las pelusitas del invierno anterior, y el gorrito para que los pensamientos sigan calentitos hasta que salga de casa.
El viento se deslizaba timido, como recien llegó todavia tiene que acosumbrarse a nuevos esquemas y cuerpos que se interponen en su camino. Va saludando a los que ya conoce de otros años. Bajando las escaleras, ya lo sentia acercarse. Aún seguía parado en la esquina de Cabildo y Aguilar, lo vi de lejos asique me preparé para encontrarmelo.
Caminé, tranquila, y un poco dormida, los dos cada vez más juntos, nuestras imagenes crecian hasta chocarnos las frentes, y pidió perdón.
El viento no paró, pasó de largo, y todo fue porque no me reconoció.
Ella, la que ahora usurpa mi interior, transformó mi cuerpo, mi alma. Con baldazos de agua helada me va congelando de a poco, quiere que enfrie mi amor que lo deje estático para romperplo facilmente tirandole una diminuta piedrita encima, la fina capa de hielo que recubre mis sentimientos es débil. Lo siento, sobretodo ahora que vino el viento. Tiembla y escucho el eco de las rajaduras, un goteo leve de derretimiento. Encuentra su salida por mis ojos, irritados y cansados de soportar ese frío generado sin quererlo, esa destrucción de amor obligatoria.
Se paspan los labios de beberlo, me duele la garganta de tragarlo, y me impide el placer de gritar y expresar lo hermoso que es vivir.
Ya no lo veo así, enmudesco, en un rincón del pasillo sigue acá adentro haciendo ella su trabajo, matando,pisando lo que nació como un trebol en medio de las baldosas.
Sé que nací para amar, mi mamá me dio a luz cierta madrugada, y fui consciente desde ese momento que iba a tratar de hacer feliz a quien más quiera, entre sangre y placenta, lloraba porque a la vez, sabía los problemas que eso iba a ocasionar, y aún sigo triste porque va a ser asi hasta que las pupilas no reaccionen a la luz.
Y no paré de darlo, de regalarlo siempre con una sonrisa o llorando de contenta. Nunca dejé de amar, hasta que vino este frío, esta otra, haciendo de eso un simple bloque de hielo.
Estoy vacía y con agujeritos en toda la extensión de mi ser, el viento silba cuando pasa atravesandome.
Cerré mi corazón, todo esta quebrado, caigo, y me golpeo secamente contra un cuerpo, ese mismo que ayuda a la otra con los baldes de agua a 3 grados centígrados.

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